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EVANGELIO: "Dichosos los que creen sin haber visto"

Domingo II de Pascua o de la Divina Misericordia
 -19 de abril de 2020- 
Lecturas: Hech 2, 42-47; Sal 117; 1 Ped 1, 3-9; Jn 20, 19-31 

"DICHOSOS LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO"


Verdaderamente ha resucitado el Señor, ésta es la alegría que envuelve la tierra y da fuerza a la Iglesia para que después de 2000 años siga predicando el Evangelio. Como dice san Pablo: “Si Cristo no resucitó vana es nuestra fe (1 Cor 15, 14)”. Sin embargo, si el señor hubiese resucitado y solo él hubiese quedado afectado por esta realidad, la resurrección sería para nosotros algo indiferente. En cambio, Jesús no resucitó para sí mismo, sino que su resurrección tiene un efecto universal que alcanza hasta el último hombre de la tierra y de la historia. En este pasaje que hemos proclamado hoy san Juan nos invita a buscar sólo al Señor que nos da la fe como signo de que todo lo proclamado es verdad, de que no es un mito, algo que solo podemos hacerlo mediante la confianza en el testimonio apostólico, no buscando signos y maravillosas apariciones sino solo apoyándonos en la fe, en el testimonio de que lo que nos enseñan los apóstoles, de lo que la iglesia transmite de generación en generación es verdad. 
Los evangelios afirman que la resurrección ocurre en el primer día de la semana, el domingo: comienza la nueva creación a causa de la muerte y resurrección del Señor. Jesús se presenta en medio de la comunidad y les da la paz que solo él puede ofrecer al mundo, aquella paz que trae armonía, sosiego y calma. Al mismo tiempo, la comunidad lo acoge con alegría y está en condiciones de recibir el Espíritu de la verdad, el Espíritu santificador. De ahora en adelante, una vez que el creyente ha experimentado al Cristo resucitado tiene la misión de continuar la obra de Dios en su vida.
 Ante este testimonio, el cristiano correrá la misma suerte que Jesús: será rechazado, perseguido e incluso incomprendido por su propia familia, pero también encontrará bienaventuranzas. En efecto, habrá quienes se adhieran a Jesús y contagien a otros desde lo que están viviendo desde la fe, es decir viviendo en la dicha de haber puesto toda la confianza en el Señor sin haberlo visto ocularmente. Porque de hecho, lo importante no es haber conocido a Jesús antes de la muerte, sino acoger la vida nueva que nace con el Resucitado.
 Debemos tomar conciencia que el Señor nos ha llamado dichosos por haber creído sin haber visto. Somos dichosos porque a pesar de tantas contrariedades de esta vida, ponemos nuestra confianza en el Señor porque sabemos que en él está la verdad y la vida verdadera. Dichosos de nosotros si vivimos así. 

Fray Pablo Caronello, OP 
Convento Santo Domingo, Santiago de Chile.

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