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La devoción a María en la Orden de Predicadores



SANTO DOMINGO DE GUZMÁN Y LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

Hablar de Santo Domingo sin mencionar a María es no entender el carisma dominicano. Domingo era un enamorado de la Virgen. Y ese amor a María lo legó a sus hijos, los dominicos, las monjas dominicas, las hermanas, los seglares dominicos. Es algo que evoca, a siglos de distancia y a escala distinta, el gesto de Jesús en la cruz, cuando señalando a su madre, dijo al discípulo amado: He ahí a tu Madre.

María es la Madre de los Predicadores. Y los dominicos eran conocidos como los frailes de María, que desde los primeros días de la Orden han coronado cada jornada con el canto solemne de la Salve. No cabe mejor caldo de cultivo para sembrar los embriones de la devoción mariana por excelencia, el Rosario, que germinó con fuerza en los ambientes dominicanos, hasta que el Papa dominico San Pio V le dio la forma actual y lo que era monopolio dominicano lo convirtió en patrimonio de la Iglesia universal. Por el apostolado de los dominicos, el Rosario ha llegado a todos los rincones del mundo. Y María, en Lourdes y Fátima, ha ratificado esa forma peculiar de evangelizar de Domingo y sus discípulos.

Pero el Rosario es sólo un reflejo del amplio caleidoscopio mariano que ha dado y da color a la vida dominicana desde principios del siglo XIII hasta los albores del tercer milenio. No es posible hablar de la Orden de Predicadores sin hablar una y otra vez de sus esenciales connotaciones marianas.


Texto extraído de “La devoción a María en la Orden de Predicadores” Alfonso D’Amato, OP. Quien aborda la devoción a María en la vida dominicana desde la perspectiva histórica, teológica, espiritual y vivencial.


 MEDITACIONES DEL ROSARIO

 ¿Qué es Contemplar? 

Es la oración que realizamos a partir de la Palabra de Dios, que meditada y rezada nos lleva a la serenidad y al asombro… Esta oración involucra todo nuestro ser, se trata de una vivencia interior que eleva el ala y la conduce a la intimidad de Dios…..

 El Rosario y la Espiritualidad Dominicana 

 La Devoción nació de la Orden de Santo Domingo y ella se ha mostrado siempre premurosa para mostrarla a través de sus hijos, acorde con la vocación dominicana.

 Para un hijo de Santo Domingo que la practica con la mente y el corazón, representa una de las mejores surgentes de vida espiritual y uno de los medios más eficaces de santificación y evangelización. 

El Rosario, dicen sus detractores, es una plegaria excesivamente repetitiva y por tanto no espontánea…..Pero el Rosario de María no es una recitación |apresurada, y menos aún mecánica, de Ave Marías, no es una repetición donde se encuentra ausente la reflexión y donde se ignora la meditación, donde el alma no se comunica con Dios y con María.

 El Rosario es principalmente contemplación amorosa de la vida de Jesús y María expresada mediante la recitación de las oraciones más bellas: el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria al Padre. 

El Rosario, como plegaria mental y vocal como contemplación y oración, es una plegaria perfecta.

 La plegaria sin meditación puede convertirse en mecánica; la meditación sin oración resulta sobrenaturalmente estéril. Pero la plegaria hecha con devoción obtiene la gracia de la Contemplación….

 Caminamos- dice San Bernardo-sobre los dos pies de la contemplación y de la oración. La meditación enseña lo que falta, la oración obtiene que no falte. La primera indica el camino, la otra nos guía. Con la meditación conocemos ls peligros que nos amenazan, por medio de la oración los evitamos con la ayuda del Señor…

 La meditación de los Misterios es la verdadera alma del Rosario. Es necesario pasar por esta meditación muy simple antes de elevarse a la verdadera contemplación. “Por los quince escalones de esta escala- escribe san Luis Grignon de Montfortsubirás de virtud en virtud, de claridad en claridad….”

 La oración vocal y la meditación constituyen las dos alas del Rosario, según la bella expresión del beato dominico Francisco Coll.

 El rosario es una lectura del evangelio en clave mariana. Coloca al alma en las mismas disposiciones de María para contemplar la vida de Cristo. En el rosario vemos nacer a Cristo, lo vemos vivir, amar, obrar, sufrir, morir, como lo vio su Madre.

 La repetición del Ave María ordena a favorecer “la contemplación mariana” del misterio: nos mantiene unidos constantemente a María y en particular al misterio de la Encarnación, primer acto de cooperación de María a la salvación. 

La repetición del Ave María constituye el tejido sobre el cual se desarrolla la contemplación de los misterios: el Jesús, que toda Ave María recuerda, es el mismo que la sucesión de los misterios nos propone una y otra vez, como Hijo de Dios y de la Virgen, nacido en una gruta de Belén, presentado por la Madre en el Templo, joven lleno de celo por las cosas de su Padre, redentor agonizante en el Huerto, flagelado y coronado de espinas, cargado con la cruz y agonizante en el Calvario, resucitado de la muerte y ascendido a la gloria del Padre para derramar el don del Espíritu Santo. 

Al que la saluda con las palabras del ángel, María responde siempre con su gracia. A quien la saluda repetidamente con fe y amor, María no negará la gracia de la contemplación.

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