Novena a Santo Domingo de Guzmán
OCTAVO DÍA
"LA FAMILIA DOMINICANA"
Oración inicial de todos los día:
Dios todopoderoso que hiciste de nuestro Padre Domingo un testimonio vivo de la verdad y del amor, te rogamos nos concedas la gracia y la fuerza de seguir sus caminos, dejándonos guiar por tu sabiduría que viene de lo alto. Haz que por su mediación, sintamos en nosotros la urgencia de anunciar al mundo el Evangelio.
Haznos, Señor, vivir siempre en la esperanza y en la confianza de tu santa voluntad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
La Familia Dominicana
La Orden de Predicadores ha nacido como familia; una familia que comparte el mismo carisma común de la predicación. Este fue el proyecto de Domingo. Esta familia dominicana, familia particular y unida en el seno de la gran familia cristiana, no ha sido creada para ella misma, sino para que esté al servicio de la Iglesia en su misión en el mundo. Las ramas de la familia dominicana son múltiples: frailes, monjas, congregaciones de hermanas, seglares en fraternidades, grupos de jóvenes, institutos seculares y sacerdotes seculares en fraternidad. «Cada una tiene su carácter propio, su autonomía. Sin embargo todas participan del carisma de Santo Domingo, comparten entre ellas una vocación única de ser predicadores en la Iglesia». Más allá de la amistad y de la unión íntima entre las ramas diversas, se desarrolla la toma de conciencia de una complementariedad, de una responsabilidad mutua para trabajar juntos en el anuncio del Evangelio al mundo. Un auténtico espíritu de colaboración, entre hombres y mujeres, clérigos y seglares, contemplativos y activos, comienza a desarrollarse en toda la Orden. «Ahora es el tiempo favorable para que la familia dominicana llegue a una verdadera igualdad y complementariedad ».
Desde los orígenes, el carisma de la Orden de Predicadores consiste en “la salvación de las almas”, mediante la predicación.
Oración final
Te rogamos, Señor,
concedas a frailes, monjas, religiosas, seglares y jóvenes de nuestros grupos
la gracia de la Predicación y de un servicio santificante,
la gracia de la contemplación constante y del apostolado gozoso,
la gracia de un corazón sin fronteras lleno de amor,
la gracia de vivir con espíritu dominicano el testimonio en el mundo. Amén.

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