-Homilía para
el domingo 17 de mayo de 2020-
VIº Domingo del tiempo de Pascua, Ciclo “A”
RAZONES DE NUESTRA ESPERANZA
Hech 8, 5-8. 14-17; Sal 65; 1Ped 3, 15-18; Jn 14,
15-21
Queridos hermanos:
Los cristianos, algunas o
muchas veces, nos quejamos de lo lejos que está nuestra sociedad actual del
Evangelio, de Cristo y su Verdad. En esas circunstancias leemos el pasaje que
hoy proclamamos de la primera carta de san Pedro: “…siempre dispuestos a dar
respuesta a todo el que les pida razón de su esperanza”, e inmediatamente nos
viene a la mente los muchos argumentos teológicos, filosóficos o históricos que
podríamos dar para dar esas razones. Y es correcto, es muy necesario aplicar nuestra
inteligencia para fundamentar nuestra fe. Quienes formamos parte de la Orden de
Predicadores afirmamos esto sin dudar e inmediatamente. Pero en estos tiempos
difíciles que estamos viviendo, dar razón de nuestra esperanza implica de
nosotros dar un paso más, los argumentos solos, no bastan cuando todo lo que
está a nuestro alrededor nos habla de inseguridad e incertidumbre.
Como
Iglesia vivimos hace dos mil años en el tiempo situado luego de la ascensión
del Señor; Él no está ya físicamente con nosotros. Pero no nos hemos quedado
huérfanos, al contrario, Jesús tenía que partir junto al Padre para que el
Espíritu de ambos, el Espíritu Santo, viniese a nosotros quien completaría la
obra de redención ¿Cómo debía completarse? Haciendo que podamos comprender todo
lo que Jesús nos había dicho desde dentro, captando sus significados y sus
consecuencias no solo desde la externalidad de los hechos sino desde la
comprensión profunda que solo es posible si Dios obra desde el interior.
El Espíritu
Santo que se nos ha derramado en nuestros corazones y que hace vivir a la
Iglesia, es la fuerza que nos permite asentir con fe a Cristo y a todo lo que
nos ha dicho, un asentimiento que nos lleva a poner en práctica los
mandamientos que Jesús nos dio; en primer lugar, el Mandamiento Nuevo. Pero si
amamos de esta forma significa que el Espíritu ya está actuando desde nuestro
interior lo que denota también que estamos en Cristo; y si estamos con ÉL,
entonces estamos con el Padre, habitamos en Dios. Y claro, si esto sucede,
¡-pero recordémoslo! -, porque en primer lugar hemos empezado a amar, el Espíritu
Santo, en Cristo nos enseñará todo, porque ÉL viene y derrama la Verdad en
nosotros, la Verdad total, plena, el sentido de toda la acción de Cristo y el propósito
último de todos los acontecimientos de la historia. Claro que viviendo así
pueden brotar abundantes palabras de nuestra inteligencia, pero en primerísimo
lugar nos hará capaces de vivir en esperanza, sabiéndonos hijos del Padre, no
huérfanos. Seremos capaces de caminar en medio de las tinieblas de la noche
porque estaremos habitando en la Verdad y ella nos dará luz. Si amamos de
verdad, Dios se nos manifestará, el Espíritu nos lo enseñará todo y nos permitirá
vivir confiados y, por lo mismo, nos transformará en agentes de pacificación
para los demás a la vez que por el solo hecho de estar viviendo así quizá ya
estaremos dando razón de nuestra esperanza Sino, ¿cómo seríamos capaces de
vivir en paz y en confianza en medio de semejante crisis? Entonces ¿cómo dar
razón de nuestra esperanza en estos tiempos? No con fórmulas y frases pre
hechas, debemos aventurarnos a salir de nosotros mismos y ponernos a amar, a
vivir de cara al servicio de los demás, sin egoísmos, entregados a esos pocos o
muchos con quienes vivimos o incluso, a pensar en formas creativas de servir a
otros cuando vivimos solos o aislados. Jesús mismo, su Espíritu, como Espíritu
de Verdad, nos manifestará cómo vivir con esperanza y como dar razón de ella a
los demás. Que así sea.
Fray Pablo Caronello, OP
Convento Santo Domingo.
Santiago, Chile.

Comentarios
Publicar un comentario