Ir al contenido principal

EVANGELIO: "Yo soy el camino"

Homilía para el domingo 10 de mayo de 2020
DOMINGO Vº DESPUÉS DE PASCUA

“YO SOY EL CAMINO”


Ahondemos en qué significa aquí camino. Un camino es un sendero material transitable que  une al caminante con el destino. Cristo es camino por su humanidad: ya que todo lo que se obró en ella fue dispensativo para nuestra salvación. Él murió para perdonar nuestros pecados, resucitó para darnos la resurrección y ascendió para prepararnos una morada en la eternidad. Así nos abrió acceso al Padre, acceso que nos llega por los sacramentos. Todo camino exige un modo de recorrerlo. La vida moral cristiana no es otra cosa que el modo de ir por el camino que es Cristo.
De todos los oficios de nuestro Salvador, algunos fueron comunicados a sus apóstoles, tales son por ejemplo el oficio de pastor, de gobierno del rebaño o de santificación por medio del sacerdocio. Sin embargo, hay otros oficios que Cristo no comunicó a sus apóstoles, sino que Cristo los reservó para él solo. Tal es el ser Puerta y Camino.
Atención: si este oficio de camino no ha sido comunicado significa que sólo Cristo es camino que conduce al Padre, y si sólo él es camino hacia Dios Padre, todo aquél que presenta otro camino no conduce hacia Dios. El mismo Señor nos dice que hay dos caminos: el estrecho que conduce a la vida (y que es él mismo) y el ancho y espacioso que conduce a la perdición (Mt 7,13-14).
Con todo, a diario oímos propuestas de caminos para la vida. Constantemente hay quienes  autodeclarándose maestros taladran nuestros oídos con indicaciones de cómo vivir, por dónde andar, qué hacer, dan consejos por aquí y por allí. Yo quisiera preguntarles quién les dio autoridad para establecer caminos en un asunto sobrehumano como es llevar hacia la felicidad.
Estamos expuestos al engaño. El engaño es propio de la malicia. Y como engañar es dar a entender lo contrario a lo que se es: ¿por qué extrañarnos de que los malos queriendo aparecer como buenos simulen ofrecer un camino bueno? Y al revés, dado que lo propio de la bondad es la veracidad y la veracidad es ajustarse a lo que es, es natural que los buenos hablen del camino bueno. Esta es la regla ordinaria: que los mendaces o engañadores al ser malos simulen bondad dando indicaciones aparentemente buenas, mientras que los buenos al ser veraces muestran la bondad dando indicaciones realmente buenas. Vistos superficialmente ambos parecen buenos.
Dejemos a un lado la ingenuidad, no hay que esperar siempre reconocer a los malos porque digan cosas malas. Al contrario, es esperable que la malicia venga disfrazada con palabras dulces como fraternidad, solidaridad, misericordia, diálogo, igualdad y amor. Y así como los negociantes mienten en los envoltorios de sus productos acerca de las cualidades del contenido, así hay quienes hoy intentan vender la lujuria bajo la etiqueta del amor. Y en tiempos no muy lejanos, ¿no camuflaban algunos su avaricia y envidia de las riquezas ajenas bajo el nombre de justicia?
Tomemos una comparación de nuestra vida cotidiana. Nuestras calles suelen tener en las esquinas un cartel con el nombre de la calle y la mano o dirección del tránsito. En ocasiones los vándalos atacan estos carteles invirtiéndolos de tal modo que el nombre de la calle sigue siendo el mismo pero la dirección que indica la flecha es exactamente la contraria a la real. Podemos imaginarnos fácilmente el destino trágico de quien siguiera confiado la dirección de la flecha. Esto mismo es lo que ocurre a nivel del discurso. Así como el nombre de la calle sigue siendo el mismo así las palabras que utilizan los malos son las mismas que los buenos. Pero el destino al que conducen es exactamente el contrario. Así dos personas pueden hablar de la misericordia; sin embargo una conduce a la vida y la otra a la muerte. La verdad la diga quien la diga viene del Espíritu Santo, sin embargo una misma cosa, dicha en uno es verdadera y en otro falsa.
Entonces alguno me preguntará: ¿y cómo reconoceré el camino verdadero ya que hay tantos caminos falsos bajo el mismo nombre? La respuesta no es otra que la que ya nos ha dado Cristo: “Yo soy el camino”. Si reconoces a Cristo, has encontrado el camino que conduce al Padre. Si Cristo está ausente, has hallado un camino que no conduce a la vida. Hermosas pueden ser las palabras, bonitos los sentimientos que despiertan, pero si en una propuesta de vida no entra Cristo, tengamos por seguro que lleva a la perdición. Cristo en su totalidad, es decir, con el agua y con la sangre: no solamente con el agua ni solamente con la sangre, sino Cristo entero:   Cristo con su humanidad y con su divinidad, Cristo con su Iglesia y sus sacramentos, con su doctrina y milagros, con sus exigencias y su mansedumbre, con su justicia y compasión. Cristo en su Evangelio íntegro. Y si alguno persiste en preguntarme cómo reconocerá a Cristo, no tengo otra respuesta que la que dio él mismo: “yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí” (Jn 10,14). Procuremos ser de sus ovejas para reconocer el camino verdadero.

Fray Álvaro María Scheidl OP
San Miguel de Tucumán, Argentina, 2020

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL ROSARIO PARA NIÑOS

  El Santo Rosario, es la oración por excelencia de Nuestra madre, es contemplar desde sus ojos la vida y obra de su Hijo, Nuestro Señor, pero a veces esta oración se puede volver un poco tediosa para los pequeños, y suele resultar difícil poder rezarlo en familia, pero no imposible.  Lo ideal es buscar la forma de adaptar la contemplación hacia algo que ellos puedan entender, por ejemplo aquí mismo te adjuntamos un texto adaptado para los más pequeños que intenta resumir la historia del Rosario como así su importancia. "Historia del Rosario para niños"  La Virgen María en el cielo se paseaba muy preocupada por todos sus hijos del mundo. Los veía confundidos, equivocados y hasta alejados de Dios. Cómo misionera por excelencia buscaba una solución. Un buen día mirando hacia la tierra, encontró un fraile llamado Domingo de Guzmán, el fundador de la orden de predicadores o sea los Dominicos y Dominicas. Pero este fraile no podía dormir pensando ...

Homilía 30 de agosto 2020

 Domingo 22° durante el año litúrgico  Lecturas bíblicas para este domingo:  Jeremías 20, 7-9; Salmo 62; Romanos 12, 1-2; Mateo 16, 21-27 “NO SIGAN LA FIGURA DE ESTE TIEMPO"      Este tiempo, que se rige por figuras y símbolos que son señales de la eternidad, debiera elevarnos en espíritu y en afectos hacia Dios. Nuestra religión, que es “a la vez divina y humana, visible y dotada de elementos invisibles, ferviente en la acción y entregada a la contemplación, presente en el mundo y sin embargo, peregrina; y todo esto de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos” (Cf. Constitución sobre la Liturgia del Concilio Vaticano II, 2), está llena de “figuras de este tiempo”, pero no para gobernarnos por ellas sino para discernir en ellas la Providencia de Dios; por eso cuando nuestros juicios son solamente humanos sin “ordenarse y subordi...

CUARESMA:Camino de conversión

Cuaresma: CAMINO DE CONVERSIÓN Es la cuaresma una invitación, que nos hace Cristo, a cambiar de vida. A volvernos sobre nosotros mismos hacia el camino de fe y cruz, es un dejar todo y seguirlo, pero, ¿Dejar que? y ¿Seguirlo a donde? En principio dejar nuestra comodidad, tibieza,  actitudes meramente mundanas y preocupaciones habituales, volviendo a la casa de nuestro Padre mediante prácticas sencillas como la escucha y el encuentro de Dios al prójimo. Es este un tiempo de conversión para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Se trata de dejar esa versión que somos para cambiar algo que nos lleve a ser mejores, más santos, más cristianos. No se trata de dejar nuestros hogares u obligaciones por una vida de plena oración y silencio, es dejar la fatiga, la pereza, el estrés y la monotonía de nuestras vidas para escuchar a Dios. Pensemos que diferente seria madrugar si al hacerlo en vez de pensar en el cansancio, las tareas inconclusas o el solo deber, pensaramos en ofrecerlo a C...